atilio orellana


SERIES

KIKI

Las primeras fotografías de Irene las hice en 2012. Quería documentar su pasión por el Roller Hockey, un deporte que no muchas personas practican y que por aquellos años se había robado el corazón de Irene.

Comenzó a patinar a los 8 años, hasta los 12. Siempre le gustó el deporte: hizo voley, hockey sobre césped y jabalina. También practicó folclore, tango y danza clásica.

En el 2007 le regalaron unos rollers y, con un grupo de nuevos amigos, patinaban todas las noches en la plaza Urquiza, una de las más concurridas de la capital tucumana. De ese mismo grupo saldría una invitación de sumarse a un equipo de Roller Hockey que se estaba armando.

Al principio, asistía a los entrenamientos solamente con los patines. De a poco fue armando su equipo de protección, comprándole a sus compañeros de equipo las cosas que ellos ya no usaban, como guantes, palo, coderas, pads y un casco que, si bien no es del deporte, a ella le servía para jugar.

Patinaba en los momentos libres, antes o después del trabajo. Siguió entrenando tres veces por semana por las noches y los sábados, a veces, eran de partidos entre equipos conformados por varones y mujeres en el Palacio de los Deportes.

“Cada vez que puedo jugar un partido es muy emocionante, siempre pienso que este es mi deporte, que encontré lo que más me gusta. Lo tomo como una forma de descarga también, por la fuerza que tenés que tener, la velocidad y cuerpo que hay que ponerle cuando estás en la pista, me encanta patinar rápido”.

Con el correr del tiempo, el deporte fue disminuyendo y, por cosas de la vida, Irene tuvo que poner sus energías en el trabajo y en sus cientos de emprendimientos que a la fecha sigue sosteniendo. Irónica, amante de los animales, buena amiga, hija y hermana; con su inconfundible risa que suena más bien a carcajada. Ella es una luchadora que, incluso fuera de la pista, le sigue poniendo el cuerpo cada día a lo que sea que se proponga hacer.

Por ahora los patines y la velocidad tendrán que esperar, mientras tanto aquí, en imágenes comparto mis momentos con la Kiki.

“Cuando patino algunas veces siento que los rollers son parte de mi cuerpo, algo así como una extensión…es una sensación muy linda, como si fueras volando”.